viernes, 15 de enero de 2010

El condor y la zorra



El Mallcu y el Tiula
(El Cóndor y el Zorro)
Leyenda Aymara

En la tarde fresca y luminosa de las altas cumbres andinas se habían reunido un grupo de animales a escuchar los relatos de las ascensiones diarias del Cóndor sobre las gigantescas montañas de aquel lugar.
Sin embargo, el Zorro – parlanchín y jactancioso como él solo- lo desafió diciéndole que él era capaz de hacerlo en menor tiempo que él.
El Cóndor, picado en su orgullo y su amor propio, le propuso ascender juntos el Illimani.
El Zorro, sin parpadear, le aceptó la apuesta, seguro de armarle alguna treta que le permitiera evadirse del compromiso contraído en esa ocasión.
Pero no pudo consumar su plan, debido a la vigilancia del Cóndor, así que hubo de enfrentar el desafío.
El primer día caminaron bien.
El segundo llegaron al límite de las nieves perpetuas e hicieron noche en dos grutas formadas por la nieve, una encima de la otra.
A cierta hora avanzada de la noche, el Cóndor lo llamó al zorro: - ¡Tiula, Tiula!-
Éste contestó con voz fuerte: -¡Mallcu, Mallcu!- (que es el nombre con que la gente de la Cultura Aymara llama al Rey de las Aves, así como Tiula al Zorro)
Después de algunas horas vuelve a llamarlo y el Tiula le responde débilmente, temblando de frío.
A la tercera vez que invoca su nombre, el Tiula le contesta con voz trémula, casi inaudible.
Al despuntar el Sol por sobre las nevadas cimas del Illimani, mientras agita sus potentes y renegridas alas, grita el Mallcu, alborozado, el nombre del Tiula.
Éste no contesta y sólo reina el silencio en el sitio que lo albergó.
Brinca presuroso hacia la gruta y lo halla helado por el frío implacable de la noche transcurrida, yerto y sin vida.
Con los ojos abiertos, fijos y vidriosos.
El Mallcu coge el cadáver y lo conduce con sus vigorosas garras hasta el círculo de animales que sirvieron de testigos.
Arrojándolo al centro, sentencia a los presentes:
- Así termina el que, por fanfarrón y pedante, pretende realizar lo que está reservado para otros que han nacido destinado para ello y que está fuera de sus aptitudes.-

de El Arte Folklórico de Bolivia de Rigoberto Paredes.
Adaptación de Liliana Pintos.

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